OJEAR UN LIBRO siempre se nos aparece en la memoria como parte de un ritual tradicional, el paso previo antes de embarcarse en la lectura. Parece imposible desvincular el arte de la escritura de la imagen de un libro, y más increíble pensar que la literatura va a tener su rincón en la red de redes. Pero ese hecho ya está sucediendo. Las nuevas tecnologías nos permiten acceder a la literatura sin tener como intermediario a la edición impresa. Sin embargo no hay que identificar este nuevo avance con la apocalipsis de la era Gutenberg. Podemos estar tranquilos: el libro no va a desaparecer porque es un compañero cotidiano en nuestras vidas.

Una vez superada este tipo de añoranzas, que muchas veces supone el debate principal de las nuevas comunicaciones, se debería tener en cuenta que Internet es un acceso más directo a las disciplinas artísticas. Es cierto que no se puede conseguir el contacto físico con las obras de arte ni con las obras literarias, pero tampoco se produce este cara a cara a no ser que visitemos un museo o asistamos a la presentación de un libro. Internet tiene sus ventajas, como cada soporte y formato tiene las suyas. Así que la cuestión principal sería conseguir el óptimo aprovechamiento de las facilidades que nos ofrece la red: la posibilidad de crear publicaciones personalizadas, adquirir un libro por secciones según las necesidades del lector, el libro electrónico como obra colectiva en la que participe el usuario...

Pero vuelven las sombras. ¿Ponemos en duda la definición de cultura con su introducción en las nuevas tecnologías? ¿Pierde la literatura su valor estético y artístico al considerar las letras como un producto de compra y venta? El libro siempre ha sido una mercancía, a pesar de la opinión que quieren mantener algunos románticos. Además es caduco definir la literatura como una actividad elitista: el libro es un soporte para la distribución de la cultura como información, no la cultura en sí misma. El arte no tiene límites, y por tanto no se puede pretender encerrarlo en museos; el arte es un proceso dinámico, no vale la pena encorsetarlo en ediciones manuscritas de monjes y reyes.

Cristina Górriz . Dpto.Contenidos

 

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